ADVIENTO 2021 – SE ESCUCHA UN LATIDO

Este curso proponemos, con las ideas-fuerza del lema, tomar esta frase como referencia para el tiempo de Adviento, previo a la Navidad.

Se escucha un latido… hay vida; una vida que llega, que continúa a pesar de las dificultades o que pensábamos incluso que ya no existía; vida o vidas que no hemos percibido hasta estar atentos; sonido de vida que puede sorprendernos o alegrarnos… hay pulso, hay esperanza, hay alegría, hay signos y señales, triunfa la vida.

Se escucha un latido… el latido el corazón de un niño, de Dios que se hace persona en el vientre de una mujer, que crece armonizando su latido con el de ella. Un niño que nos alcanza desde la sorpresa, pero esperado y querido desde antes de verlo. El latido de Jesús es casi lo primero que pudo saber María de Él. El latido de la Vida con mayúscula, de Dios-con-la-humanidad en un corazón minúsculo, frágil, necesitado de cuidados.

Se escucha un latido… el latido del mundo, de la humanidad. Un latido amortiguado e inaudible aparentemente a veces; un latido acelerado; un latido que nos señala la enfermedad o donde deberíamos intervenir; un latido tranquilo y sosegado; un latido inquieto o nervioso. Y pensamos en corazones que sin latir al unísono, laten igual; que sin escucharlos, los sentimos ahí; y los sabemos inquietos en gran parte de la humanidad, anhelando, esperando, que algo cambie, que algo suceda, que Alguien llegue, que las buenas noticias sean lo que escuchen y vivan.

Se escucha un latido… tu latido, el de tu corazón, el de tu vida; y en el encuentro con los demás, el de los otros, el de la familia, la comunidad, el grupo; juntos, el latido del ‘nosotros’. Estando atentos, confiando, construyendo… escuchamos el latido de Dios-con-nosotros.

SINTONIZA TU LATIDO con el ADVIENTO.-

Adviento no es “hacer cola” para la Navidad

A veces, tener que esperar se nos suele hacer bastante pesado. A quién no le ha pillado un atasco en la carretera, una cola en el súper o en la panadería… Lo que molesta no es tanto el estar parado sin hacer nada (y menos hoy en día con los móviles), sino que luego no nos dé tiempo a seguir con los planes que teníamos previstos.

En otras ocasiones esperar enfada, como cuando queremos algo que no acaba de llegar. Puede ser el repuesto que hemos comprado por internet, la nota del examen que hicimos hace una semana o la comida que no termina de hacerse. La diferencia con el caso anterior es que tenemos algo más de interés en aquello que esperamos, no es un mero trámite para hacer otra cosa…

A partir de aquí, si damos todavía un paso más, el hecho de esperar cobra un sentido nuevo. Aquello que esperamos nos llama tanto, que nos adelantamos lo que haga falta para aguardarlo. Esto nos pasa, por ejemplo, cuando llega un ser querido de viaje, si se acerca nuestro cumpleaños o el de algún amigo, etc. En estos casos es diferente, somos nosotros mismos quienes decidimos dedicar tiempo a planear y organizar, con la ilusión de que esa bienvenida o celebración sea más especial, más nuestra, más de nuestros amigos. Para sacar el máximo fruto de aquello que nos ilusiona. Esto es lo que hace la Iglesia, todos los cristianos, con la Navidad: poner nuestro corazón, casi un mes antes, en este gran misterio: Dios hecho hombre, hecho niño, por nosotros… En Adviento tenemos tiempo para pensar, meditar, rezar… de modo que podamos contagiarnos de la alegría profunda de la llegada de Dios, escondido en la pobreza y la humildad de un establo.

Dios nace a las afueras de la ciudad, junto a los marginados de la sociedad, en una familia joven y pobre, y que tendrá que migrar muy pronto. El latido de ese niño es un signo de esperanza para su familia y para todos, un motivo desbordante para confiar, para trabajar y construir, para anunciar, para buscar y esperar, para cambiar. Dios llega para quedarse, y con él el Reino.

Atreverse a sentir los latidos del corazón de dios

Dios late con fuerza en cada momento de nuestra vida. La cuestión (y de ahí la dificultad) es que no siempre tenemos bien conectados los auriculares para escucharle: las prisas, los agobios, las miles y miles de ofertas, los anuncios machacantes de una Navidad de espumillón y lucecitas nos terminan por aturdir los sentidos. Incluso nos impide escuchar cómo Dios se hace presente… ¿habremos olvidado el verdadero «Espíritu» de la Navidad (el de Dios)?

Este Adviento nos proponemos recuperar la capacidad de SENTIR sus latidos. Es cuestión de atreverse, de escucharse a uno mismo y retomar la vida (Reconciliación), de ponerse en la senda de aquellos que han caminado el mismo sendero antes que nosotros (Oración), de preparar concienzudamente nuestra casa a la llegada inminente de nuestro Dios.

¿Te atreves? ¡SINTONIZA TU LATIDO CON EL ADVIENTO!