Tras cuarenta años de ejercicio docente hoy se jubila nuestra profesora Mª Teresa Jiménez (MAITE). Por sus clases han pasado más de cuarenta generaciones de alumnos y alumnas de BUP, COU, ESO y Bachillerato. Desde el colegio y con la cautela que el protocolo COVID-19 nos exige, un grupo de profesores, antiguos alumnos y alumnas suyos en nombre del claustro y del alumnado, le hemos brindado una despedida emotiva en su salida del colegio en su último día del trabajo.

El alumnado de 2º de Bachillerato, en su última clase, también le ha agradecido tantos años de vida entregada y de compromiso y han contado con la colaboración de un amplio grupo de antiguos alumnos que les han enviado mensajes. Han sido unos privilegiados. El alumnado de 2º B y C han representado hoy a cientos y cientos de alumos agradecidos.

Compartimos las palabras de nuestro director, Federico Fernández Basurte, en nombre del Equipo Directivo:

Hoy, 20 de enero, el mundo estará pendiente del nuevo presidente de los EE.UU; seguirá agitado por las convulsiones que sufre debido al contagio que sigue creciendo y a la muerte, la enfermedad y la crisis económica, política, social y moral que nos carcome. Pero en nuestro mundo, para este conjunto de personas que aprenden y trabajan en nuestro colegio, que no es tan pequeño como podríamos pensar, porque incluye a miles que pasaron de una u otra forma por aquí y, en su mayor parte, llevan el sello de Maristas impreso en sus vidas, este día, tiene un nombre propio, MAITE, y hay una palabra que resuena en nuestros corazones: GRACIAS.

Hoy es el último día de desempeño profesional de Maite. No podría decir que es el último día de Maite como profesora o como educadora marista o como docente -como quiera que se pueda definir- porque lo seguirá siendo siempre. Lo que forma parte de la vocación y está integrado, unificado, en la vida de una persona, permanece siempre, más allá del tiempo y las circunstancias.

Maite se jubila y cuesta trabajo escribir o pronunciar esas palabras, porque -estoy seguro de que muchos de vosotros coincidiréis conmigo-, lo que es el colegio marista de Málaga tiene una impronta tan grande suya, dejada en las personas, en los detalles y en la historia, que difícilmente podemos ahora mismo asumir el no contar con su presencia cotidiana entre nosotros.

Desde el Equipo Directivo compartimos este mensaje con la noticia y nuestra inmensa gratitud y todo el cariño. Lo hacemos con la mejor intención y con la discreción y la sencillez que son signos del carácter de Maite y que ella nos ha enseñado siempre.

En las clases de historia, de filosofía y de literatura en el antiguo COU y en el bachillerato actual en muchas ocasiones hablábamos de ese término creado por Unamuno, la «intrahistoria», que hace referencia a todo aquello que sucede al otro lado de la historia oficial, de los libros académicos, de las enciclopedias y de la prensa. En tiempos, como los que vivimos, de titulares llamativos, de vida en escaparate, cobra más fuerza y sentido que nunca (y lo estamos viendo día a día en la dureza de la enfermedad y la pandemia) el trabajo que se hace de manera callada, sin ruido, de manera sencilla, pero constante, con compromiso, con responsabilidad, con empeño, con sentido del deber y con delicadeza. Un colegio, un hospital, una empresa, una residencia de ancianos, un pequeño negocio, una institución funcionan porque hay muchas personas, algunas con particular fuerza y energía, que hacen su trabajo cada día lo mejor que saben y pueden, aceptando todas las limitaciones que como seres humanos tenemos y entregando todo aquello (lo único) que de verdad tienen: su talento, su vocación, su compromiso, su tiempo. Estas son las personas que construyen, levantan, soportan y mantienen en pie. Día a día, en lo bueno y también cuando aprieta el desaliento. Dan vida y dan ejemplo. No van a aparecer en ningún telediario, ni serán tendencia en las redes sociales, pero su trabajo y esfuerzo deja huella y mejora el mundo de manera perceptible, si somos capaces de parar y observar con atención.

Me gustaría -dice el naturalista, biólogo, poeta y agricultor, Joaquín Araújo-, ser recordado por lo que sembré. No podemos más que dar las gracias, darte las gracias, Maite, y desear estar a la altura para seguir cuidando y haciendo crecer tanto bueno como tú has sembrado y dejas hoy en este colegio. Ese puede ser nuestro mejor homenaje y nuestra mayor muestra de gratitud: el compromiso de cuidar y cuidarnos, que sabemos que muchas veces queda en palabras huecas, que se queda más en intenciones que en obras, pero que, según nos has enseñado, debe ser misión y es necesidad.

Esa siembra a la que nos referíamos en la cita está hecha y hecha con profundidad, con hondura, con honestidad y con amor. Y, aunque siempre decimos que lo nuestro es sembrar y no quedarnos a esperar a ver los frutos, esa siembra ha dado mucho, mucho, mucho. Hay un árbol frondoso, con raíces fuertes que son Evangelio plantado desde la fe y el compromiso, y hay una sombra muy grande, mucha vida en tantos y tantos antiguos alumnos…

Podríamos seguir escribiendo y, como comprenderéis, no acabaríamos.

Maite termina hoy su etapa en el colegio. Ahora mismo está en su última clase. Le deseamos una feliz vida. La que nos ha regalado a tantos. Se la merece. Y damos a gracias a Dios por su testimonio, por su ejemplo, por su entrega, por acompañarnos, por haberse des-vivido por sus alumnos,…

Como afirma el Eclesiastés, hay un tiempo para abrazarse, y un tiempo para despedirse. Hoy toca despedirse, dejándonos llevar por el corazón, atendiendo a sus deseos de sencillez y discreción, respirando hondo y con una gratitud tan inmensa que se nos quedan pequeñas las palabras. Y dejamos pendiente ese abrazo, agradecido y enorme que querríamos, para cuando vengan tiempos mejores y sea posible. Porque vendrán, Maite, y así lo deseamos para ti, para los tuyos y para todos, con esa esperanza que las buenas personas, los buenos cristianos y honrados ciudadanos como tú, y el trabajo bien hecho y nuestra fe nos permiten albergar.

Federico Fernández Basurte. Director del colegio.

Por último, recogemos las palabras de Maite al claustro de profesores como despedida:

Estimados compañeros,

Dadas las circunstancias en las que nos encontramos, sirvan estas líneas como cierre y despedida al llegar el momento de mi jubilación. Una etapa de mi vida concluye hoy tras cuarenta años de ejercicio profesional, tiempo que he vivido con intensidad, pasión y vocación. Toca decir adiós.

Desde que era niña me han acompañado los versos de Antonio Machado que aprendí de boca de mi padre: “Caminante, son tus huellas el camino y nada más; Caminante, no hay camino, se hace camino al andar.”

En ese camino recorrido, en primer lugar, con humildad, reconociendo los fallos y errores cometidos, quiero pedir perdón por las veces en las que no he sabido ponerme en vuestro lugar y mis palabras o mis obras no han sido un buen ejemplo. 

En segundo lugar, quiero, con sencillez, agradecer en la persona del hermano Ángel y con él a los Maristas, la confianza depositada en mí a la hora de brindarme la oportunidad de abrir un camino nuevo, lleno de retos y no exento de dificultades, en un momento en el que la presencia de la mujer aún era vista como algo novedoso y arriesgado y que, transcurridos los años, hoy es una realidad incuestionable. También quiero daros las gracias a todos los que formáis parte de esta comunidad educativa por lo que de vosotros he aprendido y por vuestras muestras de afecto a lo largo de estos años. Pero mi agradecimiento estaría incompleto si no le diera las gracias, expresamente y ante vosotros a Paco, sin él esta parte de mi vida, la profesional, habría sido imposible, él fue quien me descubrió el mundo y la vivencia marista y, juntos, siempre desde el más absoluto respeto a la individualidad de cada uno, hemos andado el camino, ese ha sido uno de los grandes regalos de Dios al que he dejado para el final pues no hay palabras suficientes que puedan expresar mi gratitud y alabanza.

Y en tercer lugar con modestia, al mirar atrás y ver el camino recorrido, quiero compartir con vosotros en qué medida me siento bendecida al poder ver ante mí el fruto de la semilla sembrada a lo largo de cuatro décadas. Ver a los que un día fueron mis alumnos convertidos en compañeros, en amigos…haber podido dar clase incluso a algunos de vuestros hijos, entre otras muchas cosas, es como poder ver crecer un bosque, la perspectiva del tiempo, en mi caso, da valor a la labor realizada. Que uno de mis primeros alumnos, Federico, sea el director en el momento de mi jubilación y que Marta, también alumna mía, sea la que recoja el testigo es algo emocionante. Creo que, en mis huellas, en mi camino hay mucha vida, estoy satisfecha, puedo decir con el salmista “…el Señor ha estado grande, estoy alegre”.

Os pongo ante San Marcelino y os encomiendo a la Buena Madre.

A todos mis mejores deseos, especialmente en estos momentos tan difíciles, cuidaos mucho.

Con todo mi cariño, hasta siempre.

Mª Teresa Jiménez Muñoz (Maite)