El 4 de mayo empezamos la movilidad de grupo a Barmstedt con muchos nervios e incertidumbre por la semana que estábamos por vivir. Antes de esta experiencia, creo que eran pocos los que de verdad eran amigos dentro del grupo, pero me alegra poder decir que gracias al Erasmus hemos forjado un vínculo que será difícil de romper.
Una vez allí, comprendimos por lo que habían pasado los alemanes aquí en España: una nueva familia, una nueva casa, una nueva ciudad y un idioma muy diferente al nuestro. Sin embargo, hemos podido comprobar que el estereotipo de que los alemanes son más serios o fríos entre ellos no es para nada cierto. Comprendimos que da igual el país que sea, que una familia se quiere como tal y durante la semana que pasamos ahí cada una de esas familias nos hicieron sentir parte de ellas.
Con respecto a la planificación del viaje y el horario que seguimos fue todo muy parecido a lo organizado en España, por la mañana las actividades estaban preparadas por el colegio, pero por la tarde eran nuestros compañeros alemanes los que se ponían de acuerdo para ver qué hacíamos. Entre muchas de las actividades que realizamos, cabe destacar nuestro paso por Hamburgo, el paseo por las marismas del mar Báltico y los talleres artísticos que nos prepararon en el colegio de música y costura.
Aunque el choque cultural al que nos enfrentamos no fue tan grande como esperábamos, nos impactó la mentalidad tan abierta que tenían las personas allí, teniendo en cuenta que se trata de un pueblo. Además, nos quedamos con varias cosas de las que los españoles deberíamos aprender como sus estrategias de reciclaje gracias a las cuales no encuentras latas ni botellas de plástico por ningún lado o la tan fuerte costumbre que tienen todos ellos de usar la bicicleta para todo.
Javier Vives y Javier Risoto fueron los profesores que nos acompañaron en este viaje y gracias a ellos pudimos tener la seguridad de que para cualquier problema podíamos contar con ellos y siempre se preocupaban por saber cómo estábamos y si estábamos disfrutando de la movilidad.
Gracias a esta experiencia no solo nos hemos enriquecido cultural y lingüísticamente sino que también hemos creado un fuerte vínculo con gente de otro país que a fin de cuentas, es lo mejor que nos llevamos del viaje: el saber que si un día volvemos a Barmstedt o ellos a Málaga tendrán una familia esperándolos con los brazos abiertos.
Pablo Navarro de Alcázar
1.ºA de Bachillerato

